Los días 26 y 27 de noviembre, Jordi Savall participó en la asamblea constitutiva de la Europa Power Initiative en Estrasburgo, un nuevo movimiento ciudadano, social y cultural que nace con el objetivo de reforzar la soberanía, la capacidad de acción y el liderazgo europeo en un contexto global en profunda transformación. El encuentro reunió a personalidades de diversos ámbitos —cultura, investigación, tecnología, medio ambiente, economía y sociedad civil— con la voluntad de establecer las bases de una agenda común que sitúe a Europa como una potencia democrática, sostenible y responsable. El trabajo colectivo de estas jornadas ha culminado con la redacción de la Declaración de Estrasburgo.
Una Declaración para repensar el futuro de Europa
La Declaración de Estrasburgo diagnostica los principales retos geopolíticos, tecnológicos y culturales que afronta Europa y hace un llamamiento a superar la fragmentación y a recuperar el control del destino colectivo. El manifiesto destaca la necesidad de impulsar:
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una movilización ciudadana que refuerce la democracia europea,
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una agenda económica y tecnológica basada en la innovación, la sostenibilidad y la cohesión social,
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una estrategia común de seguridad y defensa,
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una apuesta decidida por la cultura, el patrimonio y la creatividad como pilares de paz y convivencia.
Entre las propuestas, el texto defiende la creación de un Día Europeo de la Cultura en el mes de mayo, y plantea un encuentro anual —la Europa Power Conference— para evaluar la evolución de esta agenda de potencia europea.
La contribución de Jordi Savall
La participación de Jordi Savall, reconocido internacionalmente por su labor musical y humanista, se enmarca en su compromiso con el diálogo intercultural, la defensa de la paz y el valor estratégico de la cultura como instrumento de cohesión democrática. Savall contribuyó al debate aportando la perspectiva del mundo de las artes y la cultura, destacando la importancia de un modelo europeo que valore la creatividad, el patrimonio y el pensamiento crítico como fundamentos de una sociedad libre y resiliente.

Declaración de Estrasburgo del 27 de noviembre de 2025
Adoptada al término de la Asamblea constitutiva de la «Europa Power Initiative»
Iniciativa para el Poder de Europa
Ciudadanas y ciudadanos de Europa y del resto del mundo
a sus gobiernos,
a las instituciones sociales, científicas y culturales, y a las empresas.
Preámbulo
Tras la Segunda Guerra Mundial, los Estados europeos concibieron y llevaron a cabo uno de los proyectos políticos más extraordinarios de la historia. Durante casi setenta y cinco años, garantizó paz y prosperidad en el continente, haciendo de Europa un socio estable y benevolente para el resto del mundo.
Hoy, sin embargo, Europa acumula fracasos geopolíticos y culturales que cuestionan su propia esencia y dejan a los ciudadanos desorientados. El destino de Ucrania, país soberano, se decide por dos superpotencias militares que negocian acuerdos a expensas de los europeos. La acción europea frente al clima –indispensable para asegurar un futuro habitable a las generaciones de todo el mundo– se ve obstaculizada por la incapacidad de las grandes potencias de mirar más allá de sus intereses inmediatos. La soberanía tecnológica europea se debilita por la dependencia de servidores, plataformas y satélites bajo control extranjero. Su cultura democrática –fundada en la diversidad, la creatividad, la libertad de los medios y el respeto a los derechos sociales– es atacada en nuestro propio suelo por lógicas de lucro, estandarización y subordinación de las mentes.
Estos fracasos, retrocesos y derrotas derivan de la falta de voluntad de nuestras instituciones para considerar a Europa como una potencia geopolítica, tecnológica y cultural.
Los europeos y sus socios se ven atrapados en un orden mundial moldeado por la rivalidad entre superpotencias sistémicas, que privilegian el poder imperial y la acumulación de recursos necesarios para su supremacía tecnológica, a costa de la paz, la justicia y el equilibrio global. Esta nueva realidad expone a Europa –como a otras regiones del mundo– al riesgo inmediato de marginalización económica, tecnológica, cultural y política. Socava los cimientos mismos de nuestra sociedad: la libertad, la democracia, el pluralismo, la calidad de vida, la protección social, la seguridad y los valores europeos.
Frente a esta amenaza existencial, es indispensable un despertar urgente: rechazar toda forma de subordinación, retomar nuestro destino y construir una ambición comprensible tanto para los europeos como para el resto del mundo.
En esta nueva era de las superpotencias, individualmente, nuestros países solo podrán ser subordinados. Si quieren tener peso, deben recuperar juntos un impulso para construir una potencia común. Fortalecer la unión y superar egoísmos particulares requerirá a veces sacrificios, pero el precio de la impotencia ya es hoy inmensamente superior. Solo un verdadero cambio de enfoque puede evitarlo.
Declaración
«Nosotras y nosotros, ciudadanas y ciudadanos libres de Europa y del mundo, debemos organizarnos. Hoy lanzamos un movimiento cívico, social y cultural a favor de una potencia europea democrática, global, sostenible y responsable, en cooperación con los países dispuestos y con las mujeres y los hombres de este planeta, para construir un mundo mejor para todas y todos, en interés de las generaciones presentes y futuras. Nuestro proyecto no es juzgar la acción de los gobiernos o diplomáticos. Es evaluar cada decisión e iniciativa según el aporte –a corto, medio y largo plazo– que ofrezca a la reconstrucción de una potencia europea capaz de controlar su propio destino.
Tenemos todas las palancas para hacer de Europa una potencia del futuro. Las ideas existen, respaldadas por numerosos informes que hasta ahora se han implementado lentamente y solo parcialmente. Ahora es necesario organizarlas, ordenarlas y activar las palancas que ya están en nuestras manos en sectores clave.
- La primera palanca es la voluntad de los ciudadanos de participar activamente en la escritura de un nuevo capítulo positivo de la historia de nuestro continente y en la construcción del futuro de la democracia europea.
- La segunda palanca es un mercado de 450 millones de habitantes, a movilizar para una agenda de desarrollo económico, industrial, tecnológico, social y ambiental en nuestros territorios, para la prosperidad de los europeos y la cohesión de Europa.
- La tercera palanca es un inmenso caudal de ahorro –35.000 billones de euros– que, gracias a un mercado único de capitales, perspectivas de crecimiento ambiciosas y reglas que incentiven el riesgo productivo, puede financiar nuestro desarrollo y nuestra política industrial.
- La cuarta palanca es la decisión de garantizar juntos nuestra seguridad colectiva y desarrollar una industria de defensa fuerte y proyectada al futuro. Activar esta palanca implica poner fin a la fragmentación de capacidades militares, contrataciones, programas e investigación, y construir cuanto antes una visión compartida de nuestra defensa y seguridad junto a los ciudadanos.
Nuestras escuelas, universidades, investigadores, ingenieros, artistas, empresarias y empresarios están decididos a volver a ser protagonistas en la construcción del futuro y a recuperar un liderazgo artístico, tecnológico y científico. Esto requiere mayores inversiones, acelerar la transformación en curso y una estrategia clara para atraer talento de todo el mundo.
Ha llegado el momento de desarrollar las infraestructuras digitales esenciales para nuestra soberanía colectiva y cruciales para liberar el potencial de la inteligencia artificial y de las tecnologías cuánticas, poniéndolas al servicio de los ciudadanos y de una economía justa, rica en empleos cualificados y bien remunerados.
Además, contamos con una base sólida en materia de salud pública, con notable capacidad de innovación que ofrece una oportunidad única para mejorar la calidad de vida y generar avances médicos en beneficio de todo el mundo.
Nuestros valores, nuestra cultura, nuestro modelo social, nuestro Estado de derecho, el sentido de justicia, la protección del patrimonio, así como la atención al medio ambiente y al clima, hacen de Europa un espacio de equilibrio y calidad de vida. Asimismo, contamos con instituciones comunes –imperfectas pero estables, adaptables y resilientes– capaces de llevar a cabo proyectos compartidos valorando identidades regionales, nacionales y europeas.
La cultura y el patrimonio cultural son herramientas estratégicas para la promoción de la paz, la empatía social y la resiliencia democrática. Deben ser apoyados mediante marcos normativos adecuados que fomenten la creatividad; la protección de los artistas, de las instituciones culturales y de las comunidades creativas en toda Europa.
Apoyamos la creación de un “Día Europeo de la Cultura” en mayo: un momento común europeo en el que los ciudadanos, junto con artistas e instituciones, hagan visible la identidad cultural, humanística y democrática de Europa.
Hoy, la Europa Power Initiative reúne líderes de opinión y actores de la sociedad civil que quieren retomar el control de nuestro destino colectivo. Está abierta a quienquiera que, en Europa y más allá, rechace un orden internacional basado exclusivamente en lógicas imperiales de zonas de influencia. Esta Europa fuerte y próspera debe ser co-construida por ciudadanos, empresas, sindicatos, sociedad civil, instituciones europeas y nacionales, autoridades locales, así como por socios internacionales –grandes y pequeños– dispuestos a cooperar en un espíritu de respeto y diálogo para un mundo mejor.
Esta es la hoja de ruta de la Europa Power Initiative. Invitamos a todas y todos a unirse a nosotros para construir esta agenda progresiva y hacer de Europa una potencia sistémica, global, sostenible y responsable, poniendo a los ciudadanos en el centro de su acción.
Proponemos instituir un encuentro anual dedicado al tema del poder: la Europa Power Conference. Cada edición permitirá una evaluación pública de los progresos, decisiones y actualizaciones de la hoja de ruta, para que la agenda del poder siga siendo un proceso vivo y verificable.
La potencia europea es un futuro positivo, innovador, libre, atractivo, social y humanista. No está garantizada, no puede decretarse: debe construirse. Depende de nuestra capacidad colectiva de unirnos y actuar.»
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